Aquella semana comenzó un viernes, cuando Jesús y sus discípulos emprenden el camino hacia Jerusalén. Pero el camino a la cruz no se inició allí. Tampoco en Getsemaní. Ni siquiera en Nazaret, con su nacimiento. Estaba en el propósito eterno de Dios, desde antes de la creación del mundo. La cruz no fue el último recurso para salvar una misión fracasada.
Fue el destino al que Jesús caminó con los ojos abiertos — "afirmó su rostro" — con el compromiso de hacer la voluntad del Padre hasta el final. Para el pueblo, el título "Hijo del Hombre" evocaba triunfo y poder. Un rey victorioso sentado en el trono. Pero Jesús lo redefinió: el Hijo del Hombre había venido a servir, a rescatar, a dar su vida. Por sería rechazado, condenado, entregado, crucificado.
Subir a Jerusalén hoy nos exige revisar nuestra comprensión de quién es Jesús. ¿Es el que nos contaron? ¿El que queremos que sea? ¿O el que la Escritura nos revela? Solo así podemos ir confiando en Su voluntad y Sus promesas. (Mt. 20.17-20, 27).
En los relatos de esta Semana, como en algunas películas, vamos a otra retrospectiva...el sábado previo.
Siguiendo la cronología de Juan, el Señor está en Betania. Mientras compartía la mesa con sus amigos, María tomó un frasco de perfume de nardo puro — costoso, reservado — y ungió sus pies. El ambiente se llenó de fragancia, y también de las protestas. ¿Por qué este derroche? Podría haberse vendido y dado a los pobres...Jesús los detuvo y le dio significado al acto. María no sabía exactamente lo que hacía. Pero entendió lo que los demás todavía no podían ver: que aquel hombre que tenía delante no era uno cualquiera y que iba a morir. Y que antes de que eso ocurriera, quería darle todo lo que tenía. A veces la devoción va por delante de la comprensión.
No siempre entendemos del todo a quién seguimos ni adónde nos lleva. Pero algo en nosotros lo reconoce — y responde. ¨¿Qué es lo que guardás para dárselo a Jesús — y todavía no le diste? No te preocupes...Lo que para otros es un "derroche" para Jesús es un *acto de adoración* que será recordado por siempre.
Este es el domingo conocido en países de tradición católica como "Domingo de Ramos".
Jesús entró a Jerusalén y la multitud entusiasta lo recibió aclamándolo. A su paso, le echaban mantos y ramas de palma. El relato lo encontramos en los cuatro evangelios: Mt 21; Mr 11; Lc 19; Jn 12.
Ponemos el foco en la humildad de Jesús como rey y siervo. El contraste está con la inconsistencia de la multitud que lo recibe un día y poco después lo crucifica. Una perlita: Desatando el pollino los discípulos deben decir si alguien pregunta: "El Señor lo necesita". Imaginemos si ese animal pudiera contarnos lo que eso significó para él.
Jesús entró al templo y volcó las mesas. No fue un arranque de violencia ni una frustración contenida. Fue un diagnóstico exhaustivo, inapelable…
El sistema era perfecto en su lógica y funcionamiento: los peregrinos traían animales para el sacrificio, pero los inspectores los declaraban impuros. Había que comprar los del templo, al precio fijado por el vendedor. Los cambistas convertían la moneda extranjera según la cotización que mejor les convenía. Todo funcionaba. Todo producía. Todo se veía muy religioso. (Solo algunos ganaban).
Pero no había fruto. Solo negocio disfrazado de devoción.
Así la higuera y el templo son una misma historia. Jesús fue a buscar fruto en las dos — hojas había, apariencia, no les faltaba — y en las dos encontró lo mismo: apariencia sin realidad. Actividad sin vida. _«Mi casa será casa de oración para todas las naciones. Ustedes la han convertido en cueva de ladrones.»_ Notar “para todas las naciones”. Eso también había sido robado, ese era un fruto que tampoco estaba. Los mercaderes ocupaban el lugar que el templo original le había dado a los no judíos. El sistema había amurallado ese recinto y en la puerta había una advertencia de muerte contra el gentil que quisiera ingresar.
La pregunta no es solo para el siglo primero. ¿Qué produce nuestra vida religiosa? ¿Hojas o fruto? ¿Apariencia o sustancia? ¿Negocio o transformación? ¿Templo lleno o iglesia en misión?
Jesús sigue revisando la higuera, sigue volcando mesas.
El martes de aquella semana Jesús enseñó en el templo sin que nadie lo pudiera detener ni rebatir. Sus opositores lo intentaron varias veces — con preguntas sobre su autoridad, con adulación, con trampas doctrinales. Salieron con las manos vacías cada vez. Jesús se enfrentó a los líderes religiosos (fariseos, saduceos, herodianos) quienes cuestionaron también los impuestos, la resurrección y el mayor de los mandamientos. En ese contexto pronunció parábolas importantes (los dos hijos, los labradores malvados, la fiesta de bodas) y el Discurso del Monte de los Olivos sobre los últimos tiempos. Es mucho para el poco espacio de esta reflexión😊.
Por eso hago zoom en dos puntos: La sabiduría y autoridad de Jesús para responder a sus oponentes, y su advertencia sobre la hipocresía y la necesidad de estar preparados para su venida. El rey preparó un banquete y mandó a llamar a sus invitados. Ellos rechazaron el honor de ser parte. Algunos golpearon a los mensajeros... El rey siguió insistiendo y el rechazo llegó al asesinato. Esa historia dice algo sobre Dios: él no se retira ofendido cuando lo rechazamos. Insiste. Llama otra vez. Manda otro mensajero…
Pero hay un límite. Llega el momento en que Dios deja en libertad al que eligió vivir sin él. No como castigo arbitrario — sino como respeto a una decisión que se tomó con los ojos abiertos: «El reino de Dios será dado *a gente que produzca sus frutos*.» La pregunta del martes no es si fuiste invitado. Ya lo fuiste. La pregunta es qué hiciste con la invitación. Y más, ¿estás invitando a otros?
Desde aquel martes de aquella última semana no habría registro de eventos públicos de Jesús. Tal vez estuvo en Betania, esperando, preparándose en quietud. Mientras tanto, en Jerusalén, las cosas se movían en la oscuridad. Judas tomó la iniciativa — nadie lo buscó, él fue solito — y acordó con los principales líderes entregar a Jesús. El precio: treinta piezas de plata, dice Mateo. Una cifra modesta en realidad. Según la legislación (Éxodo 21) era la compensación que se pagaba por un esclavo muerto. ¡Así los líderes religiosos evaluaron al enviado del Padre! Y qué felices se sintieron...
Mateo ve más que una transacción económica. Es símbolo. Vincula esas treinta monedas con Zacarías 11, donde el profeta recibe ese mismo "salario" como señal irónica de desprecio — y las arroja al templo. El Mesías vendido por el precio de un esclavo: no es solo traición, es imagen profética del rechazo y la rebelión de su pueblo. El contraste golpea fuerte. A pocos días de celebrar la cena con el cordero y la liberación de Israel de la esclavitud, el verdadero Cordero de Dios es entregado por los que debían reconocerlo.
Incluso Judas, uno de los que estaba con los doce, lo entendió, demasiado tarde y lo devolvió: "He pecado entregando sangre inocente." El precio era indigno... El miércoles fue el día del compromiso de Judas (Lc.22.6). Nosotros somos llamados a otro compromiso, el opuesto. Entregarnos a Jesús. ¿Cuál es tu compromiso hoy?
Para pensar: ¿Hay un elemento profético en la compra posterior del campo del alfarero con su significado y como anticipo la destrucción que vendría en el año 70 (?).
Nota: Tomé la licencia de poner una bolsa rota en alusión a que, como siempre, el pecado nos ofrece algo que creemos no tener a cambio de algo que jamás tendremos y a un costo que no podemos imaginarnos.
Para ubicarnos correctamente en aquel Jueves recordemos la manera en que los judíos del primer siglo contaban el tiempo. Lo hacían diferente a nosotros: el día no comenzaba pasada la medianoche, sino que iniciaba con la salida de las primeras estrellas al atardecer e iba hasta el atardecer siguiente. (Seguían a Génesis: Y fue la noche y fue la mañana el primer día).
En otras palabras, el jueves comenzaba al atardecer de nuestro miércoles y terminaba al atardecer de nuestro jueves. Eso significa que todos los eventos desde la tarde del jueves hasta la madrugada del viernes (como veremos mañana) pertenecen al mismo día judío, aunque según nuestro calendario moderno ya sería parte del viernes. Para evitar confusiones seguiremos la historia desde nuestro calendario...Aunque le daremos una vuelta.
El Jueves Santo fue un día largo, de esos que hay que contar por parte para dimensionar cabalmente. Propongo hacerlo en tres bloques en tres momentos del día:
✔️ Por la tarde:
🗓 A la tarde: Jesús envía a Pedro y Juan a preparar la cena pascual en una casa señalada. Nada es por azar. El Señor sabe de antemano cada paso de su entrega y controla el tiempo de su muerte.
🌙 Noche temprano: Jesús se reúne con los doce en el aposento alto. Al tomar el pan y el vino, declara el nuevo pacto: su cuerpo entregado y su sangre derramada. En ese momento el sacrificio de la cruz se hace memorial perpetuo para la iglesia. Mientras cenan, Jesús se levanta y lava los pies de los discípulos. El Rey se hace siervo y el Maestro, esclavo. Es el símbolo de la purificación de Jesús, y del servicio humilde que él espera de los suyos. Ahora tenemos una nueva celebración, un nuevo modelo de liderazgo, una nueva manera de vincularnos: "Amarse unos a otros como yo los he amado". Sigue siendo así en la actualidad.
✔️ La jornada continúa y Juan registra lo más destacado de lo que Jesús dijo.
🌌 Avanzada la noche: Luego de la cena, Jesús da su mensaje de despedida. Promete que no nos dejará huérfanos y presenta al Espíritu Santo como Consolador. Se compara con la vid. Dice que debemos permanecer en él como pámpanos para llevar mucho fruto. Amor, unidad y testimonio es la señal de que somos sus discípulos. Esa oración de Jesús necesita verse expresada en cada tiempo y generación.
🙏 Noche tarde: La oración sacerdotal (Jn. 17). Jesús ora por sí mismo, por sus apóstoles y por todos nosotros. Su corazón revela una prioridad clara antes de la cruz, pedir al Padre por nuestra unidad, santificación y misión. Finalmente, salen del aposento alto hacia el monte de los Olivos. Mientras caminan, cantan un salmo de adoración. Otro contraste impactante: la gente celebra la pascua, el Cordero camina decididamente hacia su entrega (y hasta los propios no están preparados).
✔️ Seguimos con Jesús en las últimas horas de aquel jueves
🌑 Noche muy tarde: En el huerto de Getsemaní, se revela su agonía humana: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22:42). Mientras suda gotas de sangre, los discípulos ceden al sueño. Jesús se somete voluntariamente al Padre.
🕛 Medianoche: Judas llega con la multitud y lo traiciona con un beso, símbolo de honra y respeto. Jesús se entrega sin resistencia ni violencia, todo lo contrario. Siguen el arresto, el intento vano de usar la espada, y la dispersión de los discípulos. A partir de allí Jesús sigue solo.
🐓 Cerca del alba del viernes: Junto al fuego Pedro maldice y niega tres veces a su Señor. El canto del gallo. Cierra el Jueves con lágrimas, mostrando la fragilidad humana, nuestra propia fragilidad, pero anticipando que no terminará allí.
Al no poder abarcar todo, nos centramos:
⚖️ El Juicio: El juicio ilegal ante el Sanedrín, el traslado ante Herodes, Pilato pregunta y se va, luego se lava, la elección de Barrabás, la flagelación, la corona de espinas.
⛰️ Camino al Gólgota : Simón de Cirene carga la cruz y las mujeres de Jerusalén lloran al costado del camino.
📜 La Crucifixión: El título está en tres idiomas. Los escarnios. los dos criminales.
✝️ Desde la cruz: El encargo a Juan. 7 palabras: perdón, promesa, amor filial, abandono, sed, consumación, entrega. Tres horas de tinieblas. El velo del templo rasgado de arriba abajo. La tierra temblando. El centurión que vio todo y no pudo callarse.
🪦 La muerte: El costado traspasado.El cuerpo pedido con urgencia antes del sábado. José y Nicodemo envolviendo en lienzos lo que quedaba. Las mujeres sentadas frente a la tumba, sin irse.
Una piedra grande. Una tumba nueva...El silencio.
Sombrío..... Silencioso...... Secreto...... Solos....... Sufrimiendo.........
Aquel sábado para los discípulo fue un día de confusión, dolor y pérdida porque Jesús está en la tumba. Día de Reposo, sin actividades, propicio para la reflexión.
Aquel sábado el cuerpo de Jesús estaba custodiado por soldados romanos y la tumba sellado a pedido de los líderes religiosos que temían la reacción de los discípulos.
¿Robarlo? ¡Si estaban encerrados, llenos de temor, y desparramado por varios lados!
¡¡¡Aquel... Sábado!!!!